La verdad que, en estas fechas, no tenía idea de lo que quería publicar para la sección de Ciencia ficción que es lo que tocaba, ya que la tenía un tanto abandonada pero fortuitamente me he enterado de que el dos de enero fue el 100 aniversario del nacimiento de Isaac Asimov, mi primer, principal referente en ciencia Ficción.

No tengo claro si empecé con «Yo, Robot» o la Saga de la fundación, de esto hace más de treinta años, por lo que espero que valga de excusa, de que ya estoy mayor. 😜.

Si bien hace demasiado que leí estas novelas (miento, hace poco me releí el primer libro de la fundación para la entrada sobre psicohistoria: «La Psicohistoria de «La Fundación», ¿La I.A. puede hacer realidad esta idea de Asimov?» ) las tres leyes  de la robótica las he tenido siempre presente.

Inicialmente como ideal pero que con los pasos de los años, y con el progreso de la IA parecen haberse quedado cortas, ya que ahora ha dejado de ser ciencia ficción, para convertirse en realidad, principalmente con los coches autónomos  que serían, creo, los primeros en moverse «libremente» entre la población.

Tomo como referencia para este artículo la película «el hombre bicentenario»  con el estupendo Robin Williams como Andrew, el robot. Podría haber tomado «Yo Robot» con Will Smith, pero me quedo con «el hombre bicentenario», está más en línea de este blog.

Esta parte de la película es para mi los cimientos sobre la que se asienta todo el argumento

Siendo inicialmente Andrew un electrodoméstico bastante más avanzado que una Thermomix, el patriarca de la familia empieza a darse cuenta de ciertas particularidades de su electrodoméstico. ¿hasta qué punto la caída por la ventana fue la causa de estos cambios?

Richard Martin, el patriarca de la familia decide que Andrew deje de hacer las tareas domésticas y empieza a enseñarle. se convierte en su tutor. Habría sido una buena introducción para «Cómo enseñar a las inteligencias artificiales aprender emociones de una forma beneficiosa para todos«, Richard  aleccionó a Andrew en Ética, en cómo obra el ser humano.

Por otro lado, está la antropomorfización por parte de la pequeña Mi sobre Andrew, una tendencia que todos, en mayor o menor medida caemos de vez en cuando con alguna mascota o posesión inanimada, un intento de generar un vínculo emocional, bueno, más bien de querer creer que ese animal u objeto siente algo humano por mí.

Respecto a la antropomorfización hay un tema que tengo intención de tocar y es el de las muñecas sexuales, las que están empezando a dotar ya de una IA y movimiento, bastante limitado. hay opiniones en contra y a favor, y posturas intermedias, es un tema lo suficientemente complejo como para quedarse en el blanco o negro.

Una cosa que me llama la atención es la posibilidad de activar el chip de personalidad, me resulta curioso, quizás, porque en todo momento, quizás por proyección mía sobre Andrew, lo vi con una personalidad bastante clara, claro que al ver después a la robot Galatea, tan pizpireta, posiblemente el autor y guionistas tenían en mente otro concepto de lo que es personalidad para una IA, aunque por el cambio realizado por Andrew, podría dar a entender que la personalidad es algo accesorio.

Imagen de las máscaras de Dennis Beck en Pixabay

Si partiéramos de que Andrew fuera inicialmente humano al 100%, sería la esencia pura, y la personalidad, al igual que su origen etimológico en Grecia, referido a las máscaras que los actores usaban para representar uno u otro papel.

Y aunque en nosotros, sobre todo si carecemos de trabajo personal, la personalidad se ha cristalizado en nosotros, haciéndose casi inmutable hasta el fin de nuestros días. Si bien habrá pequeñas variaciones, apenas cambiara realmente.

Otra forma de que nuestra personalidad cambie de una forma notable es por lo que llamamos golpes de la vida, normalmente debido a pérdidas de personas, condiciones, y/o pertenencias a las que estábamos atados (no se si decir unidos  o atados) en lo más íntimo de nuestra forma de pensar cómo tienen que ser las cosas.

Y ya, para terminar esta entrada, esta la vía inversa a la del transhumanismo, la búsqueda de una IA, por ser 100% humana, tener la posibilidad de experimentar, y ver como lo hace, su nueva humanidad.

Imagen portada creada a partir de una imagen de Pete Linforth en Pixabay  y buscando la fuente de la imagen de Isaac Asimov para solicitar permiso de reproducción y modificación

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